Corría 1994 en aquel momento, y de hecho, casi volaba. Mi vida era, como la de tantas y tantas mujeres, un absoluto estrés. Tenía un negocio que provenía de mi familia y que me absorbía demasiado tiempo, una familia con 2 niños pequeños y solo 24 horas cada día. ¡Como tenemos todos!, estarás pensando, y tienes razón.

Lo que aquí os cuento era mi situación por aquellos entonces: todo el día corriendo de un lado a otro, y sintiendo presión desde que me despertaba hasta que me dormía, por puro agotamiento. Y el fin de semana, cuando no tenía que ir a trabajar, me acompañaba un dolor de cabeza que, misteriosamente, desaparecía el lunes por la mañana.

Una de mis buenas amigas me convenció, no sin esfuerzo, para que le dejase practicar lo que estaba aprendiendo, plenamente convencida de que me ayudaría mucho a manejar mejor mi estrés: la reflexología podal.

Cuando por fin decidí dar una oportunidad a lo que mi amiga me ofrecía, haciendo un hueco en mi apretada agenda (casi a codazos, y con una buena dosis de escepticismo por mi parte), comprobé que no solo tenía razón, sino que además se había quedado bastante corta en las expectativas que me transmitió. Fue todo un descubrimiento para mí ver el efecto del trabajo de mi amiga en los pies: el estrés se redujo enormemente, los dolores de cabeza desaparecieron, tenía más energía y empecé a tomar consciencia de la repercusión que tenía en mi vida ese frenético ritmo.

Y este fue un punto de inflexión en mi existencia. No solo me ayudó enormemente  a mantener la calma, sino que plantó en mí la idea de que tener buena salud era muy importante, tanto como que es esencial.

Tanto me interesó descubrir cuánto puede hacer la Naturaleza por nosotros, y cuál es el potencial de curación y crecimiento del ser humano, que lo convertí en mi profesión y me sirvió para tejer una perspectiva de la vida y la salud muy especial.  Dije NO al tabaco definitivamente, cambié la manera de mejorar mis dolencias utilizando remedios naturales y pasé a ocuparme en mantener la salud todo lo posible, mientras ayudaba a otras personas en esa misma línea.

De esto hace casi 25 años (¡no puedo creerme cómo ha pasado el tiempo!) y aunque he recorrido diferentes caminos, esa semilla, más todo lo vivido desde entonces, me mantiene en la brecha.

Ahora la forma en que ayudo a las personas es diferente,  continúo cuidándome todo lo que puedo, y transmitiendo esta forma de pensar a todas las personas con las que conecto. El último hallazgo ha sido un programa de detoxificación que se ha llevado muchas de las toxinas que mi organismo no necesitaba para nada, así como algunos kilos, y que recomiendo a quien quiera mantenerse sano y perder peso.

Lo cierto es que cuanto antes decidas tomar las riendas de tu salud, mucho mejor. Ser proactivo en lugar de reactivo, pero de esto hablaré en otro post.

Yo quiero llegar a viejita y tener buena salud. ¿Y tú?

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¡Bienvenidos a este MOVIMIENTO SALUDABLE!

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